Conforme pasan los años, me reafirmo en una convicción antigua que empezó siendo una intuición, y es que la única búsqueda que tiene sentido es la de la verdad. Le ponemos muchos nombres (yo, Dios, dios, alma, sentido de la vida), pero al final es todo lo mismo, quieras o no acabas allí. Recuerdo leer cada día el versículo del Evangelio de Juan en aquel arco del colegio al que íbamos el año que vivimos en Madrid, aquel en que un día como hoy un descerebrado mataba a John Lennon; la inscripción en el arco decía "La verdad os hará libres (Juan 8:32)"; imagino que os es familiar a los que habéis ido a un colegio de curas o monjas.
Luego, al leer en el Evangelio el versículo completo ('Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres'), me pareció que la cita aislada era falaz porque el Evangelio no se refiere a la verdad mas que como un sinónimo de una determinada doctrina y un antónimo de las demás. Empezaba a descubrir los tonos grises, unos más blancos que negros y otros más negros que blancos.
Pero poco más tarde, en el mismo colegio nos leyeron una frase de Unamuno que venía a decir que la verdad es la única necesidad incondicional del hombre. Han pasado casi treinta años, y siempre vuelvo a esa idea, a esa búsqueda de mi verdad, de mis verdades; de la misma manera que siempre vuelvo a Salinas -- hoy me he tropezado con estos maravillosos versos:
Aún tengo en el oído
tu voz, cuando me dijo:
"No te vayas". Y ellas,
tus tres palabras últimas,
van hablando conmigo
sin cesar, me contestan
a lo que preguntó
mi vida el primer día.
Impresionante final ("..., me contestan a lo que preguntó mi vida el primer día"), ¿verdad?. Preguntar a la vida, y dejar que la vida nos pregunte.
Supongo que van por ahí los tiros: amoldar la inteligencia a los sentimientos, y el conjunto a la realidad y no a los propios intereses. No está mal como reto a modo de punto de partida; en ello estamos, de so estoy seguro, aunque no sé muy bien en qué parte del ciclo - tampoco me preocupa demasiado, la verdad. Supongo que esa idea de los ciclos es lo que también justifica que siempre vuelva a Bach -- hace una hora que me he cruzado con esta grabación y todavía no me lo creo, es la sonata para violín y clave BWV 1017 tocada por Gould y Menuhin. MadreDioss, cómo suenan !!!!!
Si no conocéis la sonata, atentos a las tres voces (una es el violín, una es la mano izquierda y otra el la mano derecha del clave/piano) y al contrapunto.
Al final, va a resultar que Dios existe. Estaría bien.
Que tengáis un buen día.
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martes, 8 de diciembre de 2009
domingo, 22 de marzo de 2009
Indocti discant...
Nos esforzamos en vano en buscar lo único que poseemos. No agradecemos al sol que salga cada día, ni a los niños que nos recuerden cómo deberíamos ser. Nos movemos perezosa y torpemente por una vida que no apreciamos.
No paseamos por ella, mas bien tropezamos con ella, y de manera muy torpe. No buscamos el sentido de la vida en la vida, ni en la poesía, ni en la música. Miramos donde nos dicen, nos autoclasificamos en la estantería que nos asignan.
No vivimos: nos limitamos a sobrevivir a base de pasar nuestro código de barras por la caja registradora.
Me gusta pensar que Gil de Biedma (Que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde / -como todos los jóvenes, yo vine/ a llevarme la vida por delante./ Dejar huella quería / y marcharme entre aplausos / -envejecer, morir, eran tan sólo/las dimensiones del teatro./ Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma:/ envejecer, morir, / es el único argumento de la obra.) no llevaba razón. Y que, en cambio, Vicente Gaos sí la llevaba cuando decía que la muerte es un deber que tenemos hacia la vida.
Indocti discant, et ament meminisse periti: apréndanlo los ignorantes, y procuren no olvidarlo los doctos. Pero, como dice el poema del poeta favorito de mi hermana favorita, nadie lo sabe.
NADIE LO SABE – Mario Benedetti
Nadie lo sabe
nadie
ni el río
ni la calle
ni el tiempo
ni el espía
ni el poder
ni el mendigo
ni el juez
ni el labriego
ni el papa
nadie lo sabe
nadie
yo tampoco.
Cae la noche, enciendo una vela y me sumerjo en la Pasión según San Mateo. Si no lloráis escuchando cómo lloran el violín y la batuta de Klemperer mientras Christa Ludwig canta el Erbarme Dich, dejadlo todo e id corriendo a ver un buen médico, porque estáis muy muy enfermos.
La foto está tomada hace menos de un mes en Benarés. Allí la gente está más viva que aquí. Tiene que ver con su religión y con su idea de la vida, claro. Y también con su pobreza: cuanto más ricos son, más se parecen a los muertos vivientes con los que me cruzo cada día en el metro, en la calle, en el despacho - me gusta pensar que no soy uno de ellos, aunque no puedo dejar de identificar conductas de zombi en mi día a día.
Que tengáis una buena semana.
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viernes, 27 de junio de 2008
El Mar y su Agua

Señoras y señores, con todos ustedes David Oistrach y Yehudi Menuhin en la mejor interpretación que se ha hecho del doble concierto de don Juan Sebastián Bach.
El que ha colgado la grabación del youtube no ha dividido el concierto por movimientos sino que ha partido el segundo por la mitad y han colgado dos videos de 9 minutos; aún a pesar del coitus interruptus, es de ver que el segundo movimiento es sencillamente celestial, sublime, brutal, inhumano; pero mejor no sigo, callo y dejo hablar a los violines, que hablan (cada uno de ellos y entre sí, fijaos, fijaos sobre todo como hablan entre sí) mejor, mucho mejor que yo.
El verso de hoy está dedicado a la mujer que amo. Llevamos más de diez años paseando juntos por la vida, no sé quién de los dos es el mar y quién el agua. Lo único que sé es que somos mar y agua.
AHORA TE QUIERO (Pedro Salinas)
Ahora te quiero,
como el mar quiere a su agua:
desde fuera, por arriba,
haciéndose sin parar
con ella tormentas, fugas,
albergues, descansos, calmas.
¡Qué frenesíes, quererte!
¡Qué entusiasmo de olas altas,
y qué desmayos de espuma
van y vienen! Un tropel
de formas, hechas, deshechas,
galopan desmelenadas.
Pero detrás de sus flancos
está soñándose un sueño
de otra forma más profunda
de querer, que está allá abajo:
de no ser ya movimiento,
de acabar este vaivén,
este ir y venir, de cielos
a abismos, de hallar por fin
la inmóvil flor sin otoño
de un quererse quieto, quieto.
Más allá de ola y espuma
el querer busca su fondo.
Esta hondura donde el mar
hizo la paz con su agua
y están queriéndose ya
sin signo, sin movimiento.
Amor tan sepultado en su ser,
tan entregado, tan quieto,
que nuestro querer en vida
se sintiese seguro de no acabar
cuando terminan los besos,
las miradas, las señales.
Tan cierto de no morir,
como está el gran amor de los muertos.
Buen fin de semana a todos.
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