domingo, 22 de marzo de 2009

Indocti discant...




Nos esforzamos en vano en buscar lo único que poseemos. No agradecemos al sol que salga cada día, ni a los niños que nos recuerden cómo deberíamos ser. Nos movemos perezosa y torpemente por una vida que no apreciamos.

No paseamos por ella, mas bien tropezamos con ella, y de manera muy torpe. No buscamos el sentido de la vida en la vida, ni en la poesía, ni en la música. Miramos donde nos dicen, nos autoclasificamos en la estantería que nos asignan.

No vivimos: nos limitamos a sobrevivir a base de pasar nuestro código de barras por la caja registradora.

Me gusta pensar que Gil de Biedma (Que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde / -como todos los jóvenes, yo vine/ a llevarme la vida por delante./ Dejar huella quería / y marcharme entre aplausos / -envejecer, morir, eran tan sólo/las dimensiones del teatro./ Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma:/ envejecer, morir, / es el único argumento de la obra.) no llevaba razón. Y que, en cambio, Vicente Gaos sí la llevaba cuando decía que la muerte es un deber que tenemos hacia la vida.

Indocti discant, et ament meminisse periti: apréndanlo los ignorantes, y procuren no olvidarlo los doctos. Pero, como dice el poema del poeta favorito de mi hermana favorita, nadie lo sabe.


NADIE LO SABE – Mario Benedetti

Nadie lo sabe
nadie

ni el río
ni la calle
ni el tiempo

ni el espía
ni el poder
ni el mendigo

ni el juez
ni el labriego
ni el papa

nadie lo sabe
nadie

yo tampoco.




Cae la noche, enciendo una vela y me sumerjo en la Pasión según San Mateo. Si no lloráis escuchando cómo lloran el violín y la batuta de Klemperer mientras Christa Ludwig canta el Erbarme Dich, dejadlo todo e id corriendo a ver un buen médico, porque estáis muy muy enfermos.

La foto está tomada hace menos de un mes en Benarés. Allí la gente está más viva que aquí. Tiene que ver con su religión y con su idea de la vida, claro. Y también con su pobreza: cuanto más ricos son, más se parecen a los muertos vivientes con los que me cruzo cada día en el metro, en la calle, en el despacho - me gusta pensar que no soy uno de ellos, aunque no puedo dejar de identificar conductas de zombi en mi día a día.


Que tengáis una buena semana.

1 comentario:

Ginebra dijo...

Que verdad lo que dices, como nos dejamos etiquetar o nos etiquetamos solos, como tropezamos con la vida en lugar de vivirla, que torpes podemos ser y como se nos escapa el tiempo de las manos sin entender... ahora me he identificado mucho porque me planteo cada día lo equivocada que estoy y vuelvo a errar!!!! Si supieras lo que siento..... el poeta preferido de tu hermana preferida es uno de mis poetas preferidos (me encanta esta redundancia)... besos