Entre la maleza de la soberbia y la sinrazón que nos rodean, hay excepciones en forma de personas geniales y únicas. Gente admirable a quien conocer, si no en persona, a través de su obra. Por ejemplo, José Hierro, quien rechazó ser académico de la RAE a pesar de escribir poemas como éste.
RAZONES - José Hierro
NO VIVES YA DE SINRAZONES.
¿Tan sola estabas, alma mía?
El alba nueva no traía,
para acunarte, sus canciones.
Llega la luz de otras regiones
sin la hermosura que solía.
Mala alegría es la alegría
que nos abrasa los corazones.
¿Dentro de ti la buscas? ¿Llevas
dentro de ti su llama? ¿Elevas
de tu noche su mediodía?
¿Has de matar todas las cosas?
¿Cortar, para olerlas, las rosas?
¿Tan sola estabas, alma mía?
Dicen los libros que Hierro dijo una vez lo siguiente: "El poeta es una hoja más entre los millones de ellas que forman el árbol de su tiempo. Por eso, lo que dice de sí mismo es válido para los demás. Lo único que distingue al poeta no es su mayor sensibilidad, sino su capacidad de expresión. Es una hoja que habla entre hojas mudas". Pues eso, entre la maleza muerta del invierno, hasta del más gélido (y mira que el nuestro lo es) emergen verdes, frescos brotes, primavera en forma de sabia humildad.
Hablando de brotes verdes, y de naturaleza, de Nick Drake se han dicho muchas cosas, y muchas tonterías. Es difícil hablar de su poesía - o sea, de las letras de sus canciones, que nos hablan de soledad, de sueños, de incomprensión, de amor y de desamor.
Se ha dicho que Nick Drake era un maníaco depresivo. Yo creo simplemente que era alguien que se daba (demasiada) cuenta que merecía la pena dedicar la vida a ver, a verse, a mirar al cielo y a disfrutar de las cosas que son invisibles para la mayoría de los mortales - porque no se detienen a verlas. Alguien especial, que tenía marcada en la frente el estigma de Caín a que se refiere Hesse (¿te acuerdas, Rafa?), y que como todos los de su especie pasó por el mundo sin empujar, sin molestar y sin juzgar. Porque sabía que no era mas que una hoja del árbol de su tiempo. Como Hierro. Como muchos, los menos pero muchos.
Suena River Man, de su primer álbum "Five Leaves Left" (...She said she hadn’t heard the news / Hadn’t had the time to choose / A way to lose / But she believes. / Going to see the river man / Going to tell him all I can / About the plan / For lilac time. / If he tells me all he knows / About the way his river flows / And all night shows / In summertime...) - y qué bien suena.
Que tengáis un buen día.
miércoles, 25 de marzo de 2009
domingo, 22 de marzo de 2009
Indocti discant...
Nos esforzamos en vano en buscar lo único que poseemos. No agradecemos al sol que salga cada día, ni a los niños que nos recuerden cómo deberíamos ser. Nos movemos perezosa y torpemente por una vida que no apreciamos.
No paseamos por ella, mas bien tropezamos con ella, y de manera muy torpe. No buscamos el sentido de la vida en la vida, ni en la poesía, ni en la música. Miramos donde nos dicen, nos autoclasificamos en la estantería que nos asignan.
No vivimos: nos limitamos a sobrevivir a base de pasar nuestro código de barras por la caja registradora.
Me gusta pensar que Gil de Biedma (Que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde / -como todos los jóvenes, yo vine/ a llevarme la vida por delante./ Dejar huella quería / y marcharme entre aplausos / -envejecer, morir, eran tan sólo/las dimensiones del teatro./ Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma:/ envejecer, morir, / es el único argumento de la obra.) no llevaba razón. Y que, en cambio, Vicente Gaos sí la llevaba cuando decía que la muerte es un deber que tenemos hacia la vida.
Indocti discant, et ament meminisse periti: apréndanlo los ignorantes, y procuren no olvidarlo los doctos. Pero, como dice el poema del poeta favorito de mi hermana favorita, nadie lo sabe.
NADIE LO SABE – Mario Benedetti
Nadie lo sabe
nadie
ni el río
ni la calle
ni el tiempo
ni el espía
ni el poder
ni el mendigo
ni el juez
ni el labriego
ni el papa
nadie lo sabe
nadie
yo tampoco.
Cae la noche, enciendo una vela y me sumerjo en la Pasión según San Mateo. Si no lloráis escuchando cómo lloran el violín y la batuta de Klemperer mientras Christa Ludwig canta el Erbarme Dich, dejadlo todo e id corriendo a ver un buen médico, porque estáis muy muy enfermos.
La foto está tomada hace menos de un mes en Benarés. Allí la gente está más viva que aquí. Tiene que ver con su religión y con su idea de la vida, claro. Y también con su pobreza: cuanto más ricos son, más se parecen a los muertos vivientes con los que me cruzo cada día en el metro, en la calle, en el despacho - me gusta pensar que no soy uno de ellos, aunque no puedo dejar de identificar conductas de zombi en mi día a día.
Que tengáis una buena semana.
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lunes, 16 de marzo de 2009
Es hora...

...de jurarse como cada año amor debajo de un cerezo en flor.
Mientras mi queridísima Chan Marshall canta The Greatest...
..., leo este maravilloso poema de un gran poeta que ya no está entre nosotros.
NUNCA - Ángel González
¿Hemos de sacrificar a la doncella
en el altar de un dios que reclama su sangre
para confirmar su poder sobre nosotros,
y comprobar que su grandeza
no sufre menoscabo con el paso del tiempo?
Rómpase la grandeza del dios en mil pedazos,
que la lepra corroa la púrpura que cubre
su soberbia figura,
y que su eternidad se reduzca a ceniza.
Y prevalezca la sencilla gracia
de la doncella viva, fugaz, irrepetible,
su sonrisa tan clara,
su alegría
que ella no sabe efímera, y por tanto
es en su ser presente inmortal un instante.
Demasiado bueno para añadir nada que no sea un deseo de los que no se deben escribir - porque ya sabéis que si se escribe, alguien lo podría leer en voz alta; y entonces los árboles se lo contarían entre sí y a los pájaros; y así podría llegar a oídos de un envidioso que podría querer evitar tu (mi, nuestra) felicidad, aún a costa de caer todavía más hondo en el pozo del sinsentido de la envidia. Por si acaso.
Que tengáis un buen día.
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martes, 10 de marzo de 2009
Sale el sol...
... y pienso en la noche que ahora acaba; y pienso que debería ver salir el sol más a menudo; porque al respirar los primeros rayos, mi sangre aumenta de temperatura, y pierdo el miedo a morir, y a vivir ...()... este sol naciente de hoy trae a mi memoria una poesía de Sologuren.
(De mi cuaderno de bitácora)
GRAVITACIÓN DEL RETRATO – Javier Sologuren
Entre el agua y la sombra, a orillas
de una sedosa mirada nocturna
y en la mitad ardiente del abrazo
la lámpara nos une como una caricia,
como una flor espejeante a un hombro perfecto.
(No sé si he respirado los rayos de su luz
y si al mirarte una impalpable lágrima aproximo,
una abrigada pluma, una burbuja irisada,
un titubeante círculo de amor y de sueños).
Ajena al paso de mi voz, al incesante
fuego que va contra el olvido, retirada
a música inmóvil había de escucharte,
Detenido en silencio todo cuanto tocas,
rostro, vaso de fugaz derredor, madura espalda.
Suena el primer movimiento de la sonata Claro de Luna. A Kempff siempre se le ha reprochado que reinterpretara a Beethoven, yo siempre he pensado que Beethoven se le acercó una noche y le susurró en sueños cómo debían leerse sus partituras. Fijaos en su cara mientras toca, no hay un ápice de pose.
La partitura es muy sencilla, al alcance de cualquier estudiante de primer o segundo curso de piano. Pero una cosa es leer una partitura y otra cosa es interpretar este movimiento - prohibido tocar el pedal, por supuesto.
El segundo movimiento es precioso.
Y el tercero, apoteósico si se toca bien - shaken, not stirred, como los martinis de 007.
La foto está tomada a la salida del sol a bordo de una barca en el río Ganges, en Benarés (Uttar Pradesh, India), hace menos de diez días.
Mañana saldrá el sol de nuevo. Que lo veamos.
Que tengáis un buen día.
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domingo, 8 de marzo de 2009
Cosas que hacer antes de morir
La foto está tomada hace unos diez días en el Lago Pichola (Udaipur, Rajastán). Esa noche, en la terraza del hotel, decidí que éstas eran las cinco cosas que quería hacer antes de morir. Por si acaso, ya he empezado.
Con los dedos de una mano, y sin que el orden sea relevante:
1. Cuidar a un nieto.
2. Dar dos vueltas al mundo.
3. Escribir una buena poesía.
4. Ver de cerca todos los cuadros de Vermeer.
5. Durante algún tiempo, despertarme cn la única agenda de decidir lo que voy a leer, a escribir o a escuchar durante el día.
Tras ello, a la hora de irme, posiblemente suene en mi cabeza el violín de David Oistrach - quizás tocando este Claro de Luna y, conociéndome, es seguro que lloraré de felicidad.
Os dejo con un maravilloso poema de Gamoneda que se leía en El País de ayer.
AÚN - Antonio Gamoneda
Amé. Es incomprensible como el temor de los árboles.
Ahora estoy extraviado en la luz pero yo sé que amé.
Yo vivía en un ser y su sangre se deslizaba por mis venas y
la música me envolvía y yo mismo era música.
Ahora,
¿quién es ciego en mis ojos?
Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían dulcemente. ¿Qué
fue existir entre cuerdas y olvidos?
¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?
Es extraño: solamente he aprendido a desconocer y olvidar. Es extraño:
Todavía el amor
habita en el olvido.
Que tengáis un buen día.
viernes, 6 de marzo de 2009
Saciando los sentidos
Vuelvo descansado, más enamorado y mucho más vivo. Para combatir los efectos del reingreso en la civilización, nada mejor que sentir el aliento de la maravillosa Angela Gheorghiu cantando el Vissi d'arte, de la ópera Tosca de Puccini a la suave luz de una vela.
Hace menos de una semana pensaba en este poema mientras Laia nos enseñaba el edificio de la fundación donde da clases a los "niños de la estación" - son niños de la calle que sobreviven en las calles de Delhi; a menudo viven en las estaciones de tren, por razones de pura supervivencia.
Oda a la pobreza - Pablo Neruda
Cuando nací,
pobreza,
me seguiste,
me mirabas
a través
de las tablas podridas
por el profundo invierno.
De pronto
eran tus ojos
los que miraban desde los agujeros.
Las goteras,
de noche, repetían
tu nombre y tu apellido
o a veces
el salto quebrado, el traje roto,
los zapatos abiertos,
me advertían.
Allí estabas
acechándome
tus dientes de carcoma,
tus ojos de pantano,
tu lengua gris
que corta
la ropa, la madera,
los huesos y la sangre,
allí estabas
buscándome,
siguiéndome,
desde mi nacimiento
por las calles.
Cuando alquilé una pieza
pequeña, en los suburbios,
sentada en una silla
me esperabas,
o al descorrer las sábanas
en un hotel oscuro,
adolescente,
no encontré la fragancia
de la rosa desnuda,
sino el silbido frío
de tu boca.
Pobreza,
me seguiste
por los cuarteles y los hospitales,
por la paz y la guerra.
Cuando enfermé tocaron
a la puerta:
no era el doctor, entraba
otra vez la pobreza.
Te vi sacar mis muebles
a la calle:
los hombres
los dejaban caer como pedradas.
Tú, con amor horrible,
de un montón de abandono
en medio de la calle y de la lluvia
ibas haciendo
un trono desdentado
y mirando a los pobres
recogías
mi último plato haciéndolo diadema.
Ahora,
pobreza,
yo te sigo.
Como fuiste implacable,
soy implacable.
Junto
a cada pobre
me encontrarás cantando,
bajo
cada sábana
de hospital imposible
encontrarás mi canto.
Te sigo,
pobreza,
te vigilo,
te acerco,
te disparo,
te aislo,
te cerceno las uñas,
te rompo
los dientes que te quedan.
Estoy
en todas partes:
en el océano con los pescadores,
en la mina
los hombres
al limpiarse la frente,
secarse el sudor negro,
encuentran
mis poemas.
Yo salgo cada día
con la obrera textil.
Tengo las manos blancas
de dar pan en las panaderías.
Donde vayas,
pobreza,
mi canto
está cantando,
mi vida
está viviendo,
mi sangre
está luchando.Angela Gheorghiu
Derrotaré
tus pálidas banderas
en donde se levanten.
Otros poetas
antaño te llamaron
santa,
veneraron tu capa,
se alimentaron de humo
y desaparecieron.
Yo te desafío,
con duros versos te golpeo el rostro,
te embarco y te destierro.
Yo con otros,
con otros, muchos otros,
te vamos expulsando
de la tierra a la luna
para que allí te quedes
fría y encarcelada
mirando con un ojo
el pan y los racimos
que cubrirá la tierra
de mañana.
No puedo dejar de repetirlo: "mi canto está cantando / mi vida está viviendo / mi sangre está luchando". Alguien dijo que un viaje es como una vida que nos es ofrecida en el interior de la otra. Prefiero pensar que cada viaje es uno de esos sueños en los que sueñas que sueñas. Estos días atrás he soñado que saciaba mi particular sed de absoluto a través de los sentidos, los cinco y alguno más que intuyo pero no os sé nombrar: o quizás es que no me atrevo.
Que tengáis un buen fin de semana.
Hace menos de una semana pensaba en este poema mientras Laia nos enseñaba el edificio de la fundación donde da clases a los "niños de la estación" - son niños de la calle que sobreviven en las calles de Delhi; a menudo viven en las estaciones de tren, por razones de pura supervivencia.
Oda a la pobreza - Pablo Neruda
Cuando nací,
pobreza,
me seguiste,
me mirabas
a través
de las tablas podridas
por el profundo invierno.
De pronto
eran tus ojos
los que miraban desde los agujeros.
Las goteras,
de noche, repetían
tu nombre y tu apellido
o a veces
el salto quebrado, el traje roto,
los zapatos abiertos,
me advertían.
Allí estabas
acechándome
tus dientes de carcoma,
tus ojos de pantano,
tu lengua gris
que corta
la ropa, la madera,
los huesos y la sangre,
allí estabas
buscándome,
siguiéndome,
desde mi nacimiento
por las calles.
Cuando alquilé una pieza
pequeña, en los suburbios,
sentada en una silla
me esperabas,
o al descorrer las sábanas
en un hotel oscuro,
adolescente,
no encontré la fragancia
de la rosa desnuda,
sino el silbido frío
de tu boca.
Pobreza,
me seguiste
por los cuarteles y los hospitales,
por la paz y la guerra.
Cuando enfermé tocaron
a la puerta:
no era el doctor, entraba
otra vez la pobreza.
Te vi sacar mis muebles
a la calle:
los hombres
los dejaban caer como pedradas.
Tú, con amor horrible,
de un montón de abandono
en medio de la calle y de la lluvia
ibas haciendo
un trono desdentado
y mirando a los pobres
recogías
mi último plato haciéndolo diadema.
Ahora,
pobreza,
yo te sigo.
Como fuiste implacable,
soy implacable.
Junto
a cada pobre
me encontrarás cantando,
bajo
cada sábana
de hospital imposible
encontrarás mi canto.
Te sigo,
pobreza,
te vigilo,
te acerco,
te disparo,
te aislo,
te cerceno las uñas,
te rompo
los dientes que te quedan.
Estoy
en todas partes:
en el océano con los pescadores,
en la mina
los hombres
al limpiarse la frente,
secarse el sudor negro,
encuentran
mis poemas.
Yo salgo cada día
con la obrera textil.
Tengo las manos blancas
de dar pan en las panaderías.
Donde vayas,
pobreza,
mi canto
está cantando,
mi vida
está viviendo,
mi sangre
está luchando.Angela Gheorghiu
Derrotaré
tus pálidas banderas
en donde se levanten.
Otros poetas
antaño te llamaron
santa,
veneraron tu capa,
se alimentaron de humo
y desaparecieron.
Yo te desafío,
con duros versos te golpeo el rostro,
te embarco y te destierro.
Yo con otros,
con otros, muchos otros,
te vamos expulsando
de la tierra a la luna
para que allí te quedes
fría y encarcelada
mirando con un ojo
el pan y los racimos
que cubrirá la tierra
de mañana.
No puedo dejar de repetirlo: "mi canto está cantando / mi vida está viviendo / mi sangre está luchando". Alguien dijo que un viaje es como una vida que nos es ofrecida en el interior de la otra. Prefiero pensar que cada viaje es uno de esos sueños en los que sueñas que sueñas. Estos días atrás he soñado que saciaba mi particular sed de absoluto a través de los sentidos, los cinco y alguno más que intuyo pero no os sé nombrar: o quizás es que no me atrevo.
Que tengáis un buen fin de semana.
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miércoles, 11 de febrero de 2009
Siempre me instaron a que fuera otro, pero...
Me voy de viaje de novios. Os veo en unas semanas, hasta entonces os dejo dos regalos.
El primero es una grabación de Glenn Gould pocas semanas antes de morir, mientras saborea y disfruta cantando, comiéndose y bebiéndose sorbo a sorbo esas Variaciones Goldberg que había reinventado casi treinta años antes.
El segundo es un (otro) maravilloso poema del autor favorito de mi hermana favorita, la que hoy me recordaba la frase (...pero mi terquedad es infinita) que da título a la entrada. Besos, hermana.
Asunción de ti - Mario Benedetti
...()...
3
Puedes querer el alba
cuando ames.
Puedes
venir a reclamarte como eres.
He conservado intacto tu paisaje.
Lo dejaré en tus manos
cuando éstas lleguen, como siempre,
anunciándote.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú.
Aunque mi voz te espere
sola en su azar
quemando
y tu sueño sea eso y mucho más.
Puedes amar el alba
cuando quieras.
Mi soledad ha aprendido a ostentarte.
Esta noche, otra noche
tú estarás
y volverá a gemir el tiempo giratorio
y los labios dirán
esta paz ahora, esta paz ahora.
Ahora puede venir a reclamarte,
penetrar en tus sábanas de alegre angustia,
reconocer tu tibio corazón sin excusas,
los cuadros persuadidos,
saberte aquí.
Habrá para vivir cualquier huida
y el momento de la espuma y el sol
que aquí permanecieron.
Habrá para aprender otra piedad
y el momento del sueño y el amor
que aquí permanecieron.
Esta noche, otra noche
tú estarás,
tibia estarás al alcance de mis ojos,
lejos ya de la ausencia que no nos pertenece.
He conservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta dónde esté intacto sin ti,
sin que tú le prometas horizontes de niebla,
sin que tú le reclames su ventana de arena.
Puedes querer el alba cuando ames.
Debes venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú,
aunque contigo traigas
dolor y otros milagros.
Aunque seas otro rostro
de tu cielo hasta mí.
Hasta pronto.
domingo, 8 de febrero de 2009
Los buenos y los malos
Hoy me recordaba El País que pronto hará 25 años del asesinato de Enrique Casas. Yo tenía 17 años, la misma edad que tenía ese día su hijo Richard, quien presenció como un cobarde cabrón le pegaba a su padre 13 tiros por la espalda en el pasillo de su casa, frente a su habitación. Lo recuerdo como si fuera ayer.
El periodista firmante del artículo, Luis R. Aizpeolea, nos recuerda hoy que ésas ("sóis unos cobardes, cabrones") fueron las última palabras de Casas, dos segundos antes de los 13 tiros que siguieron al primer tiro en la cabeza y el segundo en la yugular. Nos recuerda también que desde el PSE telefonearon al entonces obispo de San Sebastián, monseñor Setién, para pedirle la catedral del Buen Pastor para celebrar el funeral, y que monseñor se negó con el argumento de que los funerales debían celebrarse en la parroquia correspondiente "pues si hacía una excepción, se la podrían pedir también los familiares de los etarras muertos".
Hace 25 años que Enrique Casas no está entre nosotros. Siguen entre nosotros su asesino -que salió de la cárcel en 2001, tras cumplir 17 de los 50 años de prisión a los que fue condenado- y monseñor. Dos cobardes cabrones vivos, y un hombre valiente muerto. De los dos cobardes no merece la pena hablar, no sea que se les recuerde más de lo necesario: nada.
Del valiente, en cambio sí. Porque esos seres cada vez más raros no dejan de ser personas que convivían con nosotros no hace muchos años. Porque no es lo mismo ser uno "de los buenos" que ser uno "de los malos".
Los buenos. Esa raza en vías extinción a los que casi no vemos, ni oímos, ni leemos. Esos seres que creen que su deber es decir la verdad, su verdad, para que se oiga bien alta y acaso se escuche, y que están dispuestos a defender su verdad a costa de la propia vida, pero no de la ajena.
¿Dónde están? ¿dónde están sus voces? Hace tiempo que no las oigo, quizás es que no escucho.
Esta tarde venían a mi memoria unos versos que aprendí en el colegio por aquel entonces, quizás un año antes, y que habla del silencio y la desnudez del mundo cuando los buenos parecen no existir y los malos campan a sus anchas - son líneas escritas por un poeta derrotado que cruza la frontera con Francia en un frío y nevado febrero de 1939.
DESNUDA ESTÁ LA TIERRA - Antonio Machado
Desnuda está la tierra,
y el alma aúlla al horizonte pálido
como loba famélica. Qué buscas,
poeta, en el ocaso?
Amargo caminar, porque el camino
pesa en el corazón. El viento helado,
y la noche que llega, y la amargura
de la distancia!
En el camino blanco
algunos yertos árboles negrean;
en los montes lejanos
hay oro y sangre.
El sol murió...
¿Qué buscas, poeta,
en el ocaso?
Tristes tiempos de borregos adocenados y miméticos. Salgamos de nuestro estante, de nuestro cajón, de nuestra celda, de nuestro estúpido estado de embriaguez autocomplaciente. Os dejo con estas maravillosas Variaciones Diabelli-
- y os deseo de corazón que tengáis una buena semana.
El periodista firmante del artículo, Luis R. Aizpeolea, nos recuerda hoy que ésas ("sóis unos cobardes, cabrones") fueron las última palabras de Casas, dos segundos antes de los 13 tiros que siguieron al primer tiro en la cabeza y el segundo en la yugular. Nos recuerda también que desde el PSE telefonearon al entonces obispo de San Sebastián, monseñor Setién, para pedirle la catedral del Buen Pastor para celebrar el funeral, y que monseñor se negó con el argumento de que los funerales debían celebrarse en la parroquia correspondiente "pues si hacía una excepción, se la podrían pedir también los familiares de los etarras muertos".
Hace 25 años que Enrique Casas no está entre nosotros. Siguen entre nosotros su asesino -que salió de la cárcel en 2001, tras cumplir 17 de los 50 años de prisión a los que fue condenado- y monseñor. Dos cobardes cabrones vivos, y un hombre valiente muerto. De los dos cobardes no merece la pena hablar, no sea que se les recuerde más de lo necesario: nada.
Del valiente, en cambio sí. Porque esos seres cada vez más raros no dejan de ser personas que convivían con nosotros no hace muchos años. Porque no es lo mismo ser uno "de los buenos" que ser uno "de los malos".
Los buenos. Esa raza en vías extinción a los que casi no vemos, ni oímos, ni leemos. Esos seres que creen que su deber es decir la verdad, su verdad, para que se oiga bien alta y acaso se escuche, y que están dispuestos a defender su verdad a costa de la propia vida, pero no de la ajena.
¿Dónde están? ¿dónde están sus voces? Hace tiempo que no las oigo, quizás es que no escucho.
Esta tarde venían a mi memoria unos versos que aprendí en el colegio por aquel entonces, quizás un año antes, y que habla del silencio y la desnudez del mundo cuando los buenos parecen no existir y los malos campan a sus anchas - son líneas escritas por un poeta derrotado que cruza la frontera con Francia en un frío y nevado febrero de 1939.
DESNUDA ESTÁ LA TIERRA - Antonio Machado
Desnuda está la tierra,
y el alma aúlla al horizonte pálido
como loba famélica. Qué buscas,
poeta, en el ocaso?
Amargo caminar, porque el camino
pesa en el corazón. El viento helado,
y la noche que llega, y la amargura
de la distancia!
En el camino blanco
algunos yertos árboles negrean;
en los montes lejanos
hay oro y sangre.
El sol murió...
¿Qué buscas, poeta,
en el ocaso?
Tristes tiempos de borregos adocenados y miméticos. Salgamos de nuestro estante, de nuestro cajón, de nuestra celda, de nuestro estúpido estado de embriaguez autocomplaciente. Os dejo con estas maravillosas Variaciones Diabelli-
- y os deseo de corazón que tengáis una buena semana.
miércoles, 4 de febrero de 2009
Certezas de la espera
Martes, pasa suave la semana. Suena Satie, y suena muy bien.
Ayer por la noche escuchaba una voz querida decirle a alguien que no se merecía su amor. Es complicado ponerse en la mente de alguien, y exponencialmente complicado hacerlo cuanto más lo quieres y lo conoces. Intuyo que la respuesta tiene que ver con lo que quieres hacer con esa tu vida, la única que tenemos (que sepamos), la vida que nos mata sin que nos demos cuenta, suave muy suave y despacio, muy despacio.
Intuyo que tiene que ver con la búsqueda de libertad, que se convierte casi en ansia a fuerza de separar una y otra vez los barrotes con las manos y pasar a través de ellos, una y otra vez, una y otra vez, sin que te importe cuántos más te esperan. Con separar con las manos cuanto nos distrae la atención de las pocas cosas que nos importan, y con dar y hacer sin esperar nada a cambio, huyendo de la idea de la contraprestación. Con seguir el vuelo de los pájaros que nadie puede ver, con dibujar flores con el sétimo dedo en la frente del ser querido que imaginamos delante, y con no dejar de soñar cuando nos levantamos de la cama. Con la espera y con sus certezas. Y con las mariposas que revolotean por nuestras tripas, y las que se mueven algo más abajo.
Con todo y de todo eso va la respuesta, que en realidad es una pregunta – o quizás un interrogante. O tal vez es una certeza, de esas que no nos atrevemos a imaginar, algo parecido a la certeza de la espera a que se refiere el poema que hoy dedico a esa voz querida.
A VECES – Carlos Barral
A veces cuando era
temprano todavía para verte
o cuando la ventana
se abría a la distancia y al sonido
de tanto hierro puesto y tanta arena
que cruje a tierra extraña en los caminos
remoto a la esperanza
me volvía a aquel sitio en que dejamos
las soledades juntas y las voces.
Te hallaba limitada
de corazón disperso y de alegría
por todos los costados y flotando
en la noche segura y abundante
que nunca se consuma.
Sin embargo a lo lejos
tan pronto me acogías con los nombres
de las cosas comunes, en sigilo
sentía que tu isla no estaba ya a mi alcance.
Entonces por entero
reincorporado al límite del cuerpo
volvía a la certeza de la espera.
Que tengáis un buen día.
Ayer por la noche escuchaba una voz querida decirle a alguien que no se merecía su amor. Es complicado ponerse en la mente de alguien, y exponencialmente complicado hacerlo cuanto más lo quieres y lo conoces. Intuyo que la respuesta tiene que ver con lo que quieres hacer con esa tu vida, la única que tenemos (que sepamos), la vida que nos mata sin que nos demos cuenta, suave muy suave y despacio, muy despacio.
Intuyo que tiene que ver con la búsqueda de libertad, que se convierte casi en ansia a fuerza de separar una y otra vez los barrotes con las manos y pasar a través de ellos, una y otra vez, una y otra vez, sin que te importe cuántos más te esperan. Con separar con las manos cuanto nos distrae la atención de las pocas cosas que nos importan, y con dar y hacer sin esperar nada a cambio, huyendo de la idea de la contraprestación. Con seguir el vuelo de los pájaros que nadie puede ver, con dibujar flores con el sétimo dedo en la frente del ser querido que imaginamos delante, y con no dejar de soñar cuando nos levantamos de la cama. Con la espera y con sus certezas. Y con las mariposas que revolotean por nuestras tripas, y las que se mueven algo más abajo.
Con todo y de todo eso va la respuesta, que en realidad es una pregunta – o quizás un interrogante. O tal vez es una certeza, de esas que no nos atrevemos a imaginar, algo parecido a la certeza de la espera a que se refiere el poema que hoy dedico a esa voz querida.
A VECES – Carlos Barral
A veces cuando era
temprano todavía para verte
o cuando la ventana
se abría a la distancia y al sonido
de tanto hierro puesto y tanta arena
que cruje a tierra extraña en los caminos
remoto a la esperanza
me volvía a aquel sitio en que dejamos
las soledades juntas y las voces.
Te hallaba limitada
de corazón disperso y de alegría
por todos los costados y flotando
en la noche segura y abundante
que nunca se consuma.
Sin embargo a lo lejos
tan pronto me acogías con los nombres
de las cosas comunes, en sigilo
sentía que tu isla no estaba ya a mi alcance.
Entonces por entero
reincorporado al límite del cuerpo
volvía a la certeza de la espera.
Que tengáis un buen día.
martes, 3 de febrero de 2009
Inesperado
Mensaje recibido de mi buen amigo Sito esta tarde, que os reproduzco:
"19 putos años intentando volver a ver a Stevie ejecutando un unplugged de Testify, y esta tarde lo he encontrado en el Youtube. Pincha, sube los altavoces y disfruta. Besos,"
Pincho el youtube, suscribo el comentario - y lo comparto con vosotros: canela fina, señores.
A cambio, un poema para Sito - más canela fina:
Canciones I (un Explorador Cansado) - Bernardo Atxaga
Qué otra cosa podría ver un explorador cansado
dentro de los límites de un metro cuadrado de tristeza,
sino Caminos que los limoneros acompañan, sino Colinas
y ondulados Campos donde el vino ya se presiente;
Qué podría ver sinó Islas de Cristal, Ciudades
plateadas, áureas, Amaneceres, Barcos Rojos
que tripulaciones enloquecidas llevan sin rumbo;
Serpientes gigantescas, tigres, podría ver también
ballenas blancas sumergiéndose también en un océano cálido;
Podría ver dos mujeres de vestidos anaranjados
sentadas junto a una pared incendiada por el sol;
Podría ver todos los días irrecuperables
posándose como una bandada de pájaros imaginarios.
Hoy hay canela para todos. Que tengáis un buen día.
"19 putos años intentando volver a ver a Stevie ejecutando un unplugged de Testify, y esta tarde lo he encontrado en el Youtube. Pincha, sube los altavoces y disfruta. Besos,"
Pincho el youtube, suscribo el comentario - y lo comparto con vosotros: canela fina, señores.
A cambio, un poema para Sito - más canela fina:
Canciones I (un Explorador Cansado) - Bernardo Atxaga
Qué otra cosa podría ver un explorador cansado
dentro de los límites de un metro cuadrado de tristeza,
sino Caminos que los limoneros acompañan, sino Colinas
y ondulados Campos donde el vino ya se presiente;
Qué podría ver sinó Islas de Cristal, Ciudades
plateadas, áureas, Amaneceres, Barcos Rojos
que tripulaciones enloquecidas llevan sin rumbo;
Serpientes gigantescas, tigres, podría ver también
ballenas blancas sumergiéndose también en un océano cálido;
Podría ver dos mujeres de vestidos anaranjados
sentadas junto a una pared incendiada por el sol;
Podría ver todos los días irrecuperables
posándose como una bandada de pájaros imaginarios.
Hoy hay canela para todos. Que tengáis un buen día.
Etiquetas:
Bernardo Atxaga,
Stevie Ray Vaughan
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